Nos mudamos a una residencia estudiantil que durante el año escolar era ocupado por estudiantes europeos que iban a estudiar a Barcelona pero en ese momento era verano y alquilaban habitaciones a los turistas. Otra vez mudándonos, Guillermina, Mariela y yo. Un chico colombiano nos esperaba en la puerta del edificio, estaba a cargo de la residencia, vivía ahí y fue un placer conocerlo a él y a su novia.
Durante el mes que vivimos en la residencia la compartimos con un chico de Malasia, dos chicas francesas, dos chicas de Hong Kong y dos parejas del Reino Unido, guau! lo más internacional que había conocido en Rosario en un chico de Casilda que estudiaba en la facultad conmigo!
Era muy divertida la convivencia, sobre todo por los idiomas. Las francesas hablaban sólo francés y el de Malasia y las de Hong Kong enseguida entraron en relación y hasta cenaban juntos. Y bueh... entre sonrisa y sonrisa y como podíamos, nos íbamos comunicando.
Así fue como una tarde nos pusimos a hacer dulce de leche con una lata de leche condensada, vaya tontería más grande no haber comprado un frasco de dulce de leche que era posible de conseguir en más de un lugar en Barcelona!!!
Son esas cosas que uno cree cuando se va de acá, llevás ochocientos paquetes de yerba, las recetas de la abuela, el álbum de fotos, tu champú preferido y así es como tenés que cargar con las valijas cual si fuera el peso de tu propia alma (perdonen la insistencia con el tema de las valijas pero en verdad fue traumático)
El tema con el dulce de leche fue que nos olvidamos por completo de que lo habíamos dejado cocinándose y fue el malasio (creí que el gentilicio de Malasia era malayo pero la RAE recomienda el primer término, entérense!) quien se acercó y nos dijo "sorry, but... are you cooking something" frunciendo su nariz por el olor a quemado que salía de la cocina... no sé porqué me quedó tan presente esa frase.