Valijas, bolsos, bártulos y llave en mano entramos en el piso... todo nos parecía muy extraño, acá en Rosario no se usaba demasiado esto de "alquilar habitaciones", como mucho alquilabas un depto. en común con algún compañero de la facu o con alguien que había visto algún cartelito de "busco compañero para compartir depto." o algo así... en fin, en el inmueble en cuestión no había nadie para recibirnos, la sensación era la de entrar a usurpar la casa de un extraño... los platos sucios en la cocina, papeles sobre su escritorio y ni siquiera sabíamos cual era la habitación que estábamos alquilando.
Elegimos una que nos pareció que estaba disponible y ahí nos sentamos a esperar... y a esperar... y a esperar, hasta que llegó.
Acompañado de una señorita, este señor (que no era un chico, sino un señor) entró dando tumbos y esforzándose por darnos una amable bienvenida aromatizando todo a su alrededor con un olor a alcohol que emborrachaba con sólo estar a un metro de distancia!
Imaginen cual habrá sido nuestra cara de pánico que la chica que lo acompañaba se acercó a tranquilizarnos y a decirnos que era una persona muy buena y que no era lo que aparentaba...
En definitiva, pasamos la noche allí y al día siguiente salimos por enésima vez con nuestras pertenencias a buscar un lugar donde vivir.

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Los saluda atentamente Claudio Tomassini