Estábamos sentados los tres a la mesa, nunca voy a olvidar esa escena: la mesa era una pequeña mesa de bar, de madera, cuadrada, vieja... nos mirábamos con cara de "y ahora que hacemos?" la Fiesta de Gracia había terminado y Marcelo había pasado ya de su estado de asombro, de descubrimiento, a un estado creciente de preocupación y no era para menos... terminaba el mes de agosto y nos teníamos que volver a mudar!!! Lo terrible de todo esto es que encontrar un piso de alquiler en Barcelona y en agosto no es tarea sencilla y Cristina ya tenía alquilada nuestras habitaciones para los meses subsiguientes, así que... una vez más estábamos preparando nuestras anecdóticas valijas pero... aun no sabíamos donde íbamos a ir a parar. Ya llevábamos varios días recorriendo pisos con habitaciones en alquiler.
De más está decir que es practicamente imposible alquilar un piso (depto.) cuando uno recién llega, te piden un dinerillo importante como depósito, entre otras cosas, que por supuesto no teníamos. Igualmente lo bueno es que no te exigen garantía inmobiliaria como acá, sino, realmente hubiéramos estado perdidos!!! (no piden garantía inmobiliaria fundamentalmente porque los afortunados que tienen una casa propia son los menos, es decir, no se conseguirían garantías y la mitad de los españoles se quedaría sin poder alquilar)
Por supuesto, la cuestión se resolvió de la manera en que recuerdo se resolvían las cosas allá... milagrosamente! Es verdad! no sé por qué, no sé si es sólo una visión subjetiva, casi mágica, de mi experiencia del otro lado del Atlántico pero es como que después del caos, mágicamente todo volvía a encaminarse...
En fin, en una de las tantas veces que fuimos a ver pisos conocimos a Malena, ella también estaba buscando donde ir a vivir con su novio, ella también debía irse el último día de agosto de donde vivía. Habían visto, nos comentó, un piso que estaba muy bien, cerca del Clot, lo alquilaban los dueños, sin intermediarios pero era muy grande y estaba fuera de su alcance...
Vuelvo al comienzo... ahí estábamos, en la vieja mesa de café del piso de Gracia, a un par de días de quedarnos en la calle cuando recibimos la llamada de Malena: a ellos no les quedaban tampoco demasiadas opciones y compartir los gastos de ese piso grande del Clot fue la solución para todos.

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